
Antes de usar aceite de cocina, los consumidores deben comprender que las enfermedades no transmisibles (ENT), incluidas las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la hipertensión y la obesidad, están cada vez más relacionadas con los hábitos alimentarios, en particular con la ingesta excesiva de grasas y calorías. Elegir el aceite de cocina adecuado y օգտագործarlo apropiadamente puede desempeñar un papel importante en el apoyo a la salud a largo plazo.
Antes de usar aceite de cocina, los consumidores deben comprender que las enfermedades no transmisibles (ENT) incluidas la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la hipertensión y la obesidad, se relacionan cada vez más con los hábitos alimentarios, en particular con la ingesta excesiva de grasas y calorías. Elegir el aceite de cocina adecuado y utilizarlo apropiadamente puede desempeñar un papel importante en el apoyo a la salud a largo plazo.
Las investigaciones sugieren que los aceites con alto contenido de grasa saturada, como la manteca de cerdo y el aceite de palma, deben consumirse con moderación porque la ingesta excesiva puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular. En cambio, los aceites ricos en grasas insaturadas, incluidos el aceite de oliva, el aceite de canola y el aceite de soja, generalmente se consideran opciones más favorables como parte de una dieta equilibrada.
Los distintos aceites tienen diferentes tolerancias al calor. Los aceites con mayor contenido de grasa saturada, como la manteca de cerdo y el aceite de palma, tienden a ser más estables al calor para la cocción a altas temperaturas. Los aceites ricos en grasas monoinsaturadas, como el aceite de oliva y el aceite de canola, tienen una tolerancia moderada al calor, mientras que los aceites ricos en grasas poliinsaturadas, como el aceite de soja, generalmente son menos adecuados para la cocción prolongada a altas temperaturas.
Todos los aceites de cocina son densos en energía y aportan aproximadamente 9 kilocalorías por gramo. El consumo excesivo de cualquier tipo de aceite puede contribuir al aumento de peso y a la obesidad, que son factores de riesgo importantes para las ENT. Por lo tanto, controlar la cantidad de aceite utilizada en la cocina diaria es tan importante como elegir el tipo de aceite.
Reducir la dependencia de la fritura y el salteado puede disminuir significativamente la ingesta total de aceite. Las alternativas más saludables incluyen cocinar al vapor, hervir, hornear o freír con aire, que requieren poco o nada de aceite añadido mientras preservan el valor nutricional.
Para una mejor salud a largo plazo, los expertos recomiendan seguir el principio 6:6:1:
Adoptar estos hábitos alimentarios, junto con actividad física regular y una dieta equilibrada, puede ayudar a reducir el riesgo de ENT y promover una vida más saludable.
Fuente : Thai Health Promotion Foundation
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